lunes, 19 de noviembre de 2012

Conocimiento empírico: La noche a través de la noche

Para saber escribir, no sólo es necesario tener un dominio digno del lenguaje, también se agradece que conozcas un poco el terreno que pisas.

Esta frase inicial ya nos trae dos cuestiones:
1- ¿se puede cuantificar "dominio digno del lenguaje"?: Yo diría que sí. Si cambiamos la pluma por la espada, dominio digno implicaría que eres más peligroso para el enemigo que para ti mismo con el acero. Volviendo a la pluma, significa que tú entiendes lo que escribes cuando lo lees un tiempo después, que no hay ambigüedades involuntarias en el sentido de la frase y que las v y las b están bien colocadas. No es mucho pedir, sinceramente. La casa es verde. Mi sastre es rico.

2- ¿Ah, qué pasa, uno no puede escribir sobre algo que desconoce?: Sí puede, sí, pero no como si supiera de ello. Por eso la documentación es importante y las experiencias ayudan a traer luz a escenas, ocurrencias o secuencias que de otro modo habríamos descrito muy desacertadamente.

En torno a esto último, sin decírselo directamente a nadie, aunque amenazando con ello en más de una conversación, me levanté un día de diario (aprovechando una semana de vacaciones) a eso de las 2:30 am. A las 3, tras un pequeño refrigerio, aproveché para darme un garbeo por mi pueblo. Para quien lo conozca, mi pueblo no es peligroso en absoluto. Pueden pasar cosas como en cualquier lugar, pero no tiene zonas que llamaríamos "de riesgo". Basta con no ser excesivamente atrevido y pasear con normalidad. Estuve dando vueltas hasta las cerca de las 5, momento en el que regresé y terminé de ver una película que había dejado a medias.

La sensación al día siguiente fue de que había visitado un lugar lejano y extraño que siempre había tenido al alcance de mi mano. Las circunstancias especiales, un día de diario, andar solo, fijarme en el entorno, me llevaron a tener sensaciones nuevas, a redescubrir un lugar que creía conocer como ningún otro y al que le había cambiado el aspecto de forma radical en apenas unas horas desde que me acosté con el despertador como cómplice.

De repente, nuevas ideas agolparon mi mente, basadas todas en la nueva experiencia que había vivido. Algo tan mundano y tan fácil de llevar a cabo y que sin embargo, ¿cuántas veces hemos hecho? Pasear a solas por un pueblo en silencio, sabiendo que la vida latía y soñaba en cada edificio, pero que no había otro movimiento en las calles aparte de algún coche, dos o tres almas solitarias más y mis pies meditabundos.

Ahora, sin añadir detalles concretos, siento que comprendo mejor ciertos textos que alguna vez he leído y que puedo escribir sobre sensaciones que antes únicamente intuía. Es cuando ves las cosas por ti mismo cuando te sorprendes, cuando te haces consciente de tu limitada visión. Yo creía que podría haber descrito mi pueblo de madrugada laborable sin haberlo percibido por mí mismo... y al recorrerlo durante dos horas me di cuenta de que tras ese periplo era capaz de describirlo con más veracidad, con más honestidad.

Os propongo este ejercicio: escribid sobre algo que no hayáis hecho antes. Hacedlo luego, dejad que pose el conocimiento que habéis adquirido, y volved a escribir sobre ello. Comparad los textos. Sacad conclusiones.

4 comentarios:

  1. Si se me perdona el retruécano estúpido, lo que propones es una experiencia interesante, siempre y cuando, claro, que ese punto de partida, llevado al extremo, no nos limite a la hora de escribir.

    Recuerdo que en una ocasión, cuando era estudiante, Lucía Etxebarría vino a mi universidad a una mesa redonda. Allí dijo algo así -hablaba de novelas de Gala- como que un hombre nunca podría escribir tan bien sobre las experiencias de una mujer como lo haría una escritora.

    Evidentemente, esa es la cara oscura del argumento (la más simplista, a mi entender). Si la literatura fuera meramente un trasvase de experiencias de fuera a dentro de un texto, y si su calidad y/o éxito se midieran en virtud de lo fielmente que estas se plasmaran, bueno, entonces un detallado informe de laboratorio sobre una reacción química sería el summum de lo literario.

    En realidad, creo que quizá el fallo en la argumentación de Lucía Etxebarría viniera de entender que a una experiencia vital le corresponde, como si fuera su negativo exacto, una experiencia literaria. La relación, me parece, es mucho más difusa: entre todo ese cúmulo de materiales de los que se entresaca la escritura hay, evidentemente, experiencias reales, pero bien pueden haber sido trasmutadas sin perder un ápice de su cercanía. Ese paseo nocturno por tu ciudad, apacible pero silenciosa, puede devenir sobre el papel, perfectamente, en la huida sigilosa de un ladrón por los tejados del París del XIX.

    El que seamos capaces de fabular, en realidad, es un mecanismo bastante útil, como especie, porque nos permite diseñar situaciones posibles y estar preparados frente a futuras amenazas. También nos permite transmitir conocimientos útiles de manera simbólica. Y por si eso fuera poco, además, hemos aprendido a extraer un goce de ello. Del hecho de contar historias y del hecho de que nos las cuenten: buena parte del secreto de su éxito está, precisamente, en la potencialidad de recrear experiencias nunca vividas.

    Pero hay más: el camino es de ida y vuelta. De la vida al texto, del texto a la vida. Uno puede gozar más ese paseo nocturno si recuerda textos que ha leído narrando experiencias similares. Quizá sea ridículo sentirse como Arsenio Lupín caminando por las calles oscuras de Aranjuez, o como Sherlock Holmes pateando, como turista, Baker Street, pero pasa, y es un ridículo al que muchos le damos la bienvenida.

    PD: Por cierto, ¡hola! : )

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  2. Hola, Javier! Ciertamente sabía que estaba tocando este tema desde un punto de vista romanticón e intencionadamente inclinado hacia la sorpresa, el descubrimiento. En realidad, ésa es la única parte que me interesaba transmitir. Coincido totalmente con tu comentario y creo que es un añadido muy acertado a la entrada, ya que lo completa.

    Escribir siempre es una apuesta por una historia en la que nosotros, como no sea una autobiografía, nos metemos en la piel de otro, sea real o inventado, y aguantamos el tipo cuanto podemos. Más aún en la fantasía, qué sabremos nosotros de qué sentían los jornaleros que trabajaban para su señor de Sol a Sol. Los imaginamos derrotados e infelices, pero quizá no fuera así porque aceptaban su lugar, no conocían otra cosa, etc... o quizá sí fuera así y no fueran felices. Es decir... no lo sabemos, así que cada vez que plasmamos los pensamientos de un individuo que pasea por el campo en 1815 hacemos lo que podemos, proponemos algo, intentamos comunicar, transmitir, y con eso, con hacerlo creíble y emotivo si toca, todo está bien vendido.

    Respecto a Gala, una mujer me dijo hace tiempo que nunca había creído que un hombre pudiera saber con tanto acierto qué y cómo pasa por la mente de una mujer en los primeros momentos de su menopausia. Así que sí, estoy muy de acuerdo en que no hay que vivir cada proceso en las carnes propias para escribir de él (y siendo aún más puretas, diré que incluso viviéndolo nosotros podríamos hasta envenenarnos y pensar que esa experiencia sólo puede sentirse como nosotros la estamos sintiendo, lo cual no es cierto ni mucho menos).

    Al final, mi intención era ilustrar el efecto de la experiencia en nosotros, en cómo nos cambia la perspectiva haber sabido una cosa con respecto a no haberla sabido. Cada uno puede luego hacer lo que crea con ella, claro. Yo prefiero, si puede ser, vivirlo para evitar errores imposibles, como que uno pensara (y es lo que pensaba yo), que la policía te pararía seguro si ibas andando por la calle a esas horas y te veían pasar dos veces por el mismo lugar. No lo hicieron. Eso no significa que cuando yo escribiera sobre ello tuviera que decidir que ya no debían pararme, pero sí significa que antes daba un hecho por supuesto y no tenía por qué.

    Me ha encantado lo de la retroalimentación. Que si uno lee sobre paseos nocturnos a deshora pueda vivir de otra forma estos paseos. Efectivamente, y quien escribió sobre esos paseos que ahora nos inspiran, también fue inspirado, bien por su experiencia, bien por la de otro.

    Es de lo que creo que se trata, de coger ingredientes y mezclar. A veces la salsa sale bien, a veces mejor tirarla, pero creo que es valorable alargar la mano para coger algo de hoja de menta que crece aquí al lado y probar una nueva receta.

    Gracias, tío!

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  3. Interesante ejercicio, sin duda.

    No olvidemos, terrón de azucar de Mancuspia aparte, que escribir, narrar, es también un arte de mentirosos. Así lo he visto yo siempre, el que escribe realmente ejercita una forma de expresar cosas a través de la palabra escrita: sea en poesía, cuentos, novelas... sean sentimientos, situaciones, protestas.

    El hecho es que, lo mire por donde lo mire, no soy capaz de encontrar ni un solo escrito que sea objetivo (a excepción de los jurídicos, científicos, etc. y no siempre)ya que esa capacidad de expresar queda sujeta a la interpretación que el escritor esté dando a esa revoloteante idea que quiera trasmitir.

    Y como es una interpretación, más o menos artística, no deja de ser una "mentira", una subjetivación impuesta por nuestros propios límites y por los límites que la mente del que lo describe le permita. En el caso de un escritor, tiende a la decoración literaria o a la reflexión.

    No deja de ser curioso, por otro lado, cómo esta idea puede echar raices en los demás y cómo los demás pueden hacerla propia, muchas veces de forma subconsciente, y hacer análisis de autocrítica o de comportamiento en base a esa nueva idea que ahora cohabita con ellos. Transforman una idea subjetiva recibida de un escritor, en una idea real, indiscutible y cierta que no da cabida a la discusión. Y propia. Tan propia que nunca recuerdan o saben que esa idea no es suya, sino recibida de un agente externo.

    Y todo esto ¿a dónde quiere llegar el cretino de Tene? Pues de vuelta a los comentarios que habéis compartido sobre féminas refiriendose a Gala y cómo defienden su perspectiva frente a alguien que "no es posible que haya vivido" cierta situación, cabe decir, a mi entender y como añadido a las obervaciones que tan acertadamente me parece que habéis dado, que estas señoras que tan contundentes se muestran al respecto, antes de ser señoras fueron niñas, y que las niñas tampoco saben lo que es la menopausia. Sin embargo estoy convencido que ellas tenían su propia idea de lo que esto era sólo por su observación personal y por los comentarios de otras mujeres. Además, es posible que algún otro Antonio Gala plantase la semilla de su idea en sus mentes infantiles, ideas que ellas consideran ahora suyas.

    Sub conclusión: Gala habla de mujeres basándose en su propia observación personal y en lo que le contasen las mujeres a lo largo de su vida. Además, como buen escritor, es subjetivo en sus asertaciones y muy literario, aparte de romántico (sino, no sería Gala,pardiez!)

    Estas mujeres, por su parte, hablan basándose en su propia observación personal y en lo que le contasen otras mujeres a lo largo de su vida. Luego lo experimentan en persona y declaran la exclusividad del sentimiento y del parecer emocional.

    Conclusión: todos "mienten" y se basan en "mentiras", pero unos con más gracias que otros.

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  4. La cosa es que el escrito te mueva, te haga pensar o al menos tener una sensación distinta de la que tendrías al pasar páginas en blanco. Y una forma de hacerlo, como tantas otras, es bañarse, es sumergirse en experiencias. Luego puedes escribir sobre cosas que desconoces, pero quien vive anestesiado sin mirar hacia ningún sitio es poco probable que pueda trazar caminos.

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